Stella Essenza
Número 02

El arte del decant: guía para principiantes

Hacer un decant es transvasar una fracción de un perfume desde su frasco original a un recipiente más pequeño, casi siempre para llevarlo encima o para compartirlo. Suena trivial, pero mal hecho puede arruinar en segundos meses de maceración cuidadosa. El decant es, en realidad, un pequeño oficio.

Lo primero es el envase de destino. Elige atomizadores con cuerpo metálico y junta de silicona interior. El plástico transparente, tan habitual en tiendas de aeropuerto, deja pasar la luz ultravioleta y acelera la oxidación de las notas de cabeza. Un metal opaco protege la fragancia durante meses.

El segundo cuidado es la limpieza. Antes de rellenar un atomizador nuevo, dispensa dos o tres pulverizaciones al aire para eliminar residuos de fábrica. Si vas a reutilizar uno que ya contuvo otra esencia, límpialo con alcohol isopropílico y déjalo secar bocabajo durante varias horas.

El tercer paso es el trasvase en sí. Los sistemas modernos, con acople directo al difusor del frasco, permiten rellenar sin embudos ni pipetas: se apoya el atomizador sobre el difusor y se presiona varias veces. Es limpio, silencioso y no deja pérdidas. Si tu frasco no es compatible, una pipeta de vidrio siempre será preferible a un embudo de plástico.

Por último, etiqueta. Aunque solo lleves un atomizador, apunta la fecha del decant en la base con una pequeña pegatina o una marca discreta. Un perfume decantado tiene vida útil, sobre todo si se abre y se cierra a menudo. Saber cuándo lo rellenaste es saber cuándo despedirte de él.